© 2019 Comunicaciones Provinciales OCD México

  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco
  • YouTube - círculo blanco
  • Provincia de San Alberto

Los santos de a pie

Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).


FELICIDADES A TODOS LOS SANTOS DESCALZOS. 

A todos los Santos Descalzos, felicidades, a esos santos de a pie que caminan por el camino de la vida, tocando realidades ásperas y difíciles. A los santos de hoy, que comparten su vida con todos, a todos aquellos que en el silencio y en el anonimato viven una santidad autentica, siendo fieles a su vocación del Bautismo. 


El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate, hace una invitación a volver a tener el deseo de ser santos, en el número 2, plantea su objetivo: Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).

El llamado a la santidad, lo tenemos por vocación desde el Bautismo, no olvidemos que a eso estamos llamados y además somos elegidos por Dios, para la unión definitiva con Él. 


Hoy en la gran fiesta de todos los Santos, !felicidades¡ 

Entramos en una fiesta popular y entrañable, la fiesta de Todos los Santos; la ha preparado Dios para los que lo aman. Hay alegría, mucha alegría. Todo es de todos. Dios está en medio, como una fuente, y nos da sus dones para caminar mejor el camino.


La fiesta está muy concurrida. Multitud de hombres y mujeres llevan palmas y vestiduras blancas. Todos visibilizan lo admirable que es el nombre de Dios en toda la tierra. ¿Quiénes son éstos? Son los verdaderos vencedores de la historia, que han hecho presente en medio de las crisis la ternura de Dios. En algún momento pareció que eran vencidos por el mal y borrados de la historia, -¡metía éste tanto ruido!-, pero ahora no, ahora las voces de los pequeños de la tierra retumban como trompetas para proclamar un milagro patente: Es el Señor quien lo ha hecho. A Él la alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias para nuestro Dios. Amén al tres veces Santo.


La santidad es el adorno de la casa de Dios. Creados para el amor, ahora, en todos, se hace patente el amor con que Dios los ha mirado. Cuando se encuentran, unos a otros se dicen con alborozo: “Mirad qué amor nos ha tenido”. Y cantan mientras danzan la hermosura con que Jesús los ha dejado vestidos. ¡Todos hijos en el Hijo! ¡Todos amados en el Amado! ¡Todos bautizados en Cristo! La santidad, como sentido de la vida; la santidad para el camino, con la afirmación teológica más esperanzadora: “Lo veremos tal cual es”.

Un gran cartel está a la entrada de la fiesta. En él se puede leer una pregunta: “¿Quién puede hospedarse en tu tienda?” La respuesta la tienen todos en los labios: ¡Las bienaventuranzas! Entran los que viven las bienaventuranzas, que son la carta magna de la nueva humanidad. Don de Dios y tarea para el día a día. La dicha se asoma en los que han elegido ser pobres, limpios, verdaderos, justos, solidarios, sencillos. De esa forma se han dejado abrazar por el Dios que abraza toda la realidad humana.


En la fiesta de la gran familia de los hijos de Dios se respira comunión. “Creemos en la comunión de los santos”, en el intercambio de dones para que nadie se quede sin su ración de pan y gozo para el camino. La comunión fortalece toda debilidad, alienta toda desesperanza. Muchos hermanos y hermanas, que nos han precedido en el signo de la fe y han vivido el Evangelio, cruzan sin pudor toda frontera para seguir haciendo el bien en la tierra. Todos juntos, en el amor, en la santidad, hacemos visible a Dios, porque Dios es la fuente de toda santidad. Seamos santos porque Él es santo.


Cada uno sea santo en su estilo de vida. Ser santo ya en lo cotidiano, en tu familia. "Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús". (Gaudete et Exultate)

Cada uno por su camino. Ser santo cada uno por su camino: «Cada uno por su camino», dice el Concilio. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio». De hecho, cuando el gran místico san Juan de la Cruz escribía su Cántico Espiritual, prefería evitar reglas fijas para todos y explicaba que sus versos estaban escritos para que cada uno los aproveche «según su modo». Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra». (Gaudete et Exultate, n.11)

Felicidades en esta gran fiesta de todos los Santos. 

A todos los santos descalzos de a pié. 

“Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23). Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor»…” (Gaudete et Exultate n. 15).

Fr. Jorge Rosas OCD