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El espíritu y Dios


Los seres humanos, a través de todos los tiempos, hemos procurado encontrarle un sentido a nuestra vida para poder comprender nuestro propósito en el mundo y nuestro lugar en el cosmos.

Desde el principio de nuestro ser personas, existía ya la intuición de interior y espiritual.

Pero, ¿qué es el espíritu? Abordemos primero las definiciones que nos dan los más importantes diccionarios.

El diccionario de uso del español, de María Moliner, lo define cómo: Parte que, además del cuerpo, constituye a los seres que piensan, sienten y quieren, con la cual realizan estas operaciones.

El diccionario ideológico de la lengua española, de la Real Academia, lo define cómo: Ser inmaterial y dotado de razón.

Desde el diccionario de psicología de Dorsch, el espíritu se define cómo: Como lo divino y activo, principio de vida, alma del mundo.

En la filosofía especulativa, espíritu significa el alma humana, que se distingue esencialmente del alma animal o sensitiva.

La auténtica raíz filosófica se encuentra en el NOUS de Anaxágoras, y en el LOGOS de Heráclito, como principio ordenador racional del mundo, la vida y el pensamiento.

En psicología el espíritu personal subjetivo está ligado a la ciencia del individuo.

El espíritu objetivo, según Hegel es el espíritu de la sociedad, el estado, las costumbres, la moral y el arte, la filosofía y la religión.

Spranger nos presenta una hipótesis de la existencia de un espíritu suprapersonal que se realiza y toma forma en la cultura y en la naturaleza y da a todo ser objetivos con sentido.

El espíritu normativo establece los valores objetivos y con sus requerimientos ideales y normas, haya expresó en lo que dede ser. Penetra profundamente en la realidad de nuestra vida y ejerce sobre ella una función orientadora.

En el diccionario de filosofía de Incola Abbagnano, al espíritu se le define: con la influencia de Descartes, su significado más aceptado en la filosofía moderna es de: alma racional o el entendimiento.

El pneuma o soplo admitido por la física estoica y desde el cual ha pasado a diversas doctrinas antiguas y modernas. Este es el significado ordinario del término y del cual han surgido todos los demás. Este pensamiento perdura aun en las expresiones en las cuales por el espíritu se entiende como “lo que vivifica” (Kant).

El nuevo diccionario de teología dice: De pneuma en griego, de ruah en hebreo y quizás de atman en sánscrito.

Designa inicialmente el soplo y, al mismo tiempo, la respiración humana. Está relacionado con la experiencia del viento, captado en su poder irresistible como fuerza de vida.

El término Ruah está relacionado no sólo con la experiencia cosmológica, sino también con la antropológica: designa la respiración como síntoma y condición de vida y, en cierto sentido, como la misma vida. Cuando el hombre muere pierde la ruah. La vida del hombre depende de la proximidad o del poder de la ruah. Según la lógica religiosa del pueblo de Israel, la respiración del vivo debe tener necesariamente a Dios por origen.

En el espíritu del hombre hay grados diversos: el vegetativo, el psicológico; pero ruah designa también el don de la gracia, o sea, una relación dinámica, fruto de la iniciativa libre de Dios, no una entidad, sino un modo de ser ante Dios, junto con Dios.

De todas las definiciones podríamos llegar a una síntesis.

¿Qué es el espíritu?

  1. es el principio divino y activo de todo lo que existe.

  2. el poder irresistible y el misterio de la fuerza de la vida.

  3. es el eje ordenador del mundo, la vida y el pensamiento.

  4. Está ligado a la conciencia del individuo y da, a todo ser, objetivos con sentido.

  5. Nos ayuda a establecer los valores.

  6. Es nuestro ser con Dios.

Rumi dice: En la medida que exploramos y vivenciamos nuestra espiritualidad, la intuición de Dios y la experiencia mística suelen hacerse presentes.

A pesar de que religión y espiritualidad no son lo mismo, han sido las tradiciones religiosas, de manera importante, las que se han dedicado a brindar caminos para el desarrollo de la espiritualidad.

Continuará…

Rosa Argentina Rivas L.


En Revista Horizontes, no. 2, México 2004.