Introducción

Como un caminar hacia las celebraciones de Semana Santa, les proponemos este ejercicio de reflexión semanal, como un personal retiro virtual, acompañándonos de las lecturas del Santo Evangelio del día y algún extracto de los escritos del Siervo de Dios, Padre Chavita.

 

Instrucciones 

Emplearemos para este momento el método de la Lectio Divina.

I. Escoge el lugar y el momento adecuados, en los que puedas tener tranquilidad y tiempo para encontrarte con el Señor en su Palabra.

II. Invoca al Espíritu Santo para que te auxilie en este momento de oración y haz los siguientes pasos:

 

  1. Leer: Lee lentamente la lectura del Evangelio, si puedes varias veces, y después pregúntate ¿Qué dice el texto bíblico de la palabra? 

  2. Meditar: Reflexionar, trae a tu mente recuerdos que te haya traído la lectura  ¿Qué quiso comunicar Dios, en su palabra, al pueblo de aquel tiempo? ¿Qué me quiere comunicar hoy a mí?

  3. Orar: Emplea tu estilo personal de oración, cantando, hablando o en silencio,  a Dios usando la lectura que acabas de hacer. ¿Qué me hace decir al Señor el texto bíblico como camino de oración?

  4. Contemplar:  En un momento de silencio, respira profundo y quédate callada o callado, con los ojos cerrados o abiertos y deja que el Espíritu Santo hable a tu Espíritu….¿Qué camino me muestra el texto bíblico como camino espiritual?

  5. Actuar: Por último: ¿Qué me hace vivir el Señor a partir de su Palabra?

 

III. Haz ahora la lectura del fragmento del escrito del Padre Chavita y el comentario y hazte esta pregunta: ¿Qué estaría pensando el Padre Salvador Rivera en ese momento y que te quiere decir en el día de hoy?

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Viernes, 10 de abril de 2020

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,1–19,42):

 

La liturgia de la Palabra del día de hoy nos ofrece un texto largo en la celebración eucarística que mucho recomendamos leer y reflexionar. 

Este viernes santo les proponemos leer este escrito del P. Chavita que, junto a su poema “Tenme en pie” describe el “misterio del pecado” y su ideal y vivir en santidad. Reflexionemos teniendo en mente las Palabras del apóstol san Pedro: 

"Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas.

 

El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia; el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados."

 

I Pedro, 2, 21 - 24

Padre Chavita OCD

AGONÍA.

Llevo

el alma mordida,

rasgada

y sucia como el vestido de una mendiga.

 

Voy 

tambaleándome y sin rumbo, 

con el pelo

sobre las orejas y la cara

huyendo.

 

Queriendo

gritar mil cosas

que me ahogan

como un nudo invisible

en la garganta.

 

Asco,

pus, vómitos podredumbre…

es la vida cuando se vive en pecado,

sin Dios.


 

Llevo

los pies desnudos

sangrando

sigo alejándome en la playa.

 

Tropecé como ayer,

como tantas veces;

caí hiriéndome la cara…

¡Oh flaqueza!

 

Sé:

lo malo no es caer

sino

el no levantarse... ¡Oh cobardía!

 

Sigo

con los pies y las rodillas hundidas

en la negra arena

de la oscuridad de la noche.

 

Agonía.

Muero esta noche.

El mar

en el devenir de sus olas

grita conmigo mi última oración.


 

Eres justicia

también eres perdón;

eres justicia

también gracia, misericordia, amor….

 

Sigue

mi alma destruida y desolada arrastrándose

en la playa azul y transparente de mi aurora.

 

Sueño

en la mano amiga que me ayudará

mañana,

en la barquilla misteriosa del amanecer

que llegará a mi orilla.

 

Agonía.

Sufro delirios, quimeras, 

me muero,

¡Señor, misericordia!

 

Dibujé

una cruz en la arena,

cal, desvaneciéndome en ella.

 

Ilusiones.

Mi verdad.

Luego se borró aquella cruz, desapareció aquel hombre oscuro entre las aguas azules

y transparentes de mi aurora. Este,

fue mi sueño de ayer,

esta fue mi pesadilla, mi agonía.

"Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,"
Romanos 6, 8 

 

Conclusión

Terminemos este momento con la siguiente oración:

Padre bondadoso, que hiciste del siervo de Dios Fray Salvador Rivera García carmelita descalzo, un testigo de tu fidelidad y misericordia, que se entregó desde su discapacidad física al servicio alegre de quienes a él recurrían, concédenos ver reconocido el heroísmo de sus virtudes, el valor del dolor humano unido a Cristo, para que valoremos y defendamos el don de la vida. Te pedimos por su intercesión la gracia de … (se hace la petición)