Introducción

Como un caminar hacia las celebraciones de Semana Santa, les proponemos este ejercicio de reflexión semanal, como un personal retiro virtual, acompañándonos de las lecturas del Santo Evangelio del día y algún extracto de los escritos del Siervo de Dios, Padre Chavita.

 

Instrucciones 

Emplearemos para este momento el método de la Lectio Divina.

I. Escoge el lugar y el momento adecuados, en los que puedas tener tranquilidad y tiempo para encontrarte con el Señor en su Palabra.

II. Invoca al Espíritu Santo para que te auxilie en este momento de oración y haz los siguientes pasos:

 

  1. Leer: Lee lentamente la lectura del Evangelio, si puedes varias veces, y después pregúntate ¿Qué dice el texto bíblico de la palabra? 

  2. Meditar: Reflexionar, trae a tu mente recuerdos que te haya traído la lectura  ¿Qué quiso comunicar Dios, en su palabra, al pueblo de aquel tiempo? ¿Qué me quiere comunicar hoy a mí?

  3. Orar: Emplea tu estilo personal de oración, cantando, hablando o en silencio,  a Dios usando la lectura que acabas de hacer. ¿Qué me hace decir al Señor el texto bíblico como camino de oración?

  4. Contemplar:  En un momento de silencio, respira profundo y quédate callada o callado, con los ojos cerrados o abiertos y deja que el Espíritu Santo hable a tu Espíritu….¿Qué camino me muestra el texto bíblico como camino espiritual?

  5. Actuar: Por último: ¿Qué me hace vivir el Señor a partir de su Palabra?

 

III. Haz ahora la lectura del fragmento del escrito del Padre Chavita y el comentario y hazte esta pregunta: ¿Qué estaría pensando el Padre Salvador Rivera en ese momento y que te quiere decir en el día de hoy?

(11 de 12)

11 de abril de 2020

El Sábado Santo no hay liturgia, por eso no hay lectura bíblicas. 


 

Este Sábado Santo les proponemos leer este escrito del P. Chavita escrito el 28 de abril de 1991 en el Hospital Pedro Loza en Guadalajara, Jalisco, en posiblemente alguna de sus crisis de salud. fallecería 7 años más tarde. Su deteriorada salud en particular en sus órganos internos le generaban profundos dolores y altas temperaturas. De ahí que escribiera:

 

Otra vez bajé al Infierno

 

Por tercera vez bajé al infierno

en donde nadie conoce a nadie

ni uno sabe nada de sí mismo;

en donde uno se siente 

como un niño perdido

sin su madre, sin su padre,

sin su hermano,

sin su hermana,

sin su amigo,

sin un consuelo siquiera;

en donde la soledad y nadie

son los únicos compañeros del camino.

 

Anoche bajé por tercera vez al sehol:

el lugar donde habitan los muertos ya olvidados,

donde no brillaba ninguna esperanza,

en donde sólo has la seguridad

de que se vivirá solo,

sin la compañía de nadie.

 

Pero el  Señor, por millonésima vez

tuvo misericordia de mí

y he sentido otra vez

su ternura, su fidelidad,

su compasión, su infinita bondad.

 

El Señor ha vuelto a rescatarme,

me aha retirado del peligro

y estoy seguro

en sus manos y en su corazón como ayer,

como anteayer, como siempre.

 

Mi salmo por excelencia es hoy, 

como ayer como siempre, el ….

[Ahora, toma tu Biblia y busca el salmo 136 (135), léelo lentamente y deja que resuene en tu corazón. Los judíos lo llaman el gran Hallel y se recitaba por Pascual. Inicia con  “Demos gracias al Yahvé porque es bueno”]

O, puedes seguir el siguiente enlace en la Biblia de Jerusalem en línea

Pequeña capilla de la misión en Durango. Foto de archivo. 

Conclusión

Terminemos este momento con la siguiente oración:

Padre bondadoso, que hiciste del siervo de Dios Fray Salvador Rivera García carmelita descalzo, un testigo de tu fidelidad y misericordia, que se entregó desde su discapacidad física al servicio alegre de quienes a él recurrían, concédenos ver reconocido el heroísmo de sus virtudes, el valor del dolor humano unido a Cristo, para que valoremos y defendamos el don de la vida. Te pedimos por su intercesión la gracia de … (se hace la petición)