Introducción

Como un caminar hacia las celebraciones de Semana Santa, les proponemos este ejercicio de reflexión semanal, como un personal retiro virtual, acompañándonos de las lecturas del Santo Evangelio del día y algún extracto de los escritos del Siervo de Dios, Padre Chavita.

 

Instrucciones 

Emplearemos para este momento el método de la Lectio Divina.

I. Escoge el lugar y el momento adecuados, en los que puedas tener tranquilidad y tiempo para encontrarte con el Señor en su Palabra.

II. Invoca al Espíritu Santo para que te auxilie en este momento de oración y haz los siguientes pasos:

 

  1. Leer: Lee lentamente la lectura del Evangelio, si puedes varias veces, y después pregúntate ¿Qué dice el texto bíblico de la palabra? 

  2. Meditar: Reflexionar, trae a tu mente recuerdos que te haya traído la lectura  ¿Qué quiso comunicar Dios, en su palabra, al pueblo de aquel tiempo? ¿Qué me quiere comunicar hoy a mí?

  3. Orar: Emplea tu estilo personal de oración, cantando, hablando o en silencio,  a Dios usando la lectura que acabas de hacer. ¿Qué me hace decir al Señor el texto bíblico como camino de oración?

  4. Contemplar:  En un momento de silencio, respira profundo y quédate callada o callado, con los ojos cerrados o abiertos y deja que el Espíritu Santo hable a tu Espíritu….¿Qué camino me muestra el texto bíblico como camino espiritual?

  5. Actuar: Por último: ¿Qué me hace vivir el Señor a partir de su Palabra?

 

III. Haz ahora la lectura del fragmento del escrito del Padre Chavita y el comentario y hazte esta pregunta: ¿Qué estaría pensando el Padre Salvador Rivera en ese momento y que te quiere decir en el día de hoy?

(9 de 12)

9 de abril de 2020
Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

 

Palabra del Señor
 

Padre Chavita OCD

Mi vocación es el amor

¡Oh Cristo, dígnate hacer de mí
un hombre de profunda vida interior!
un alma de intensa vida de oración;
un carmelita, carmelita…

 

¡Oh Cristo, recuérdame que mi vocación
en el Carmelo es el amor, 
y que la vocación al amor
es un llamamiento al martirio…

 

¡Oh Cristo!, hazme  fiel y generoso para seguir todas tus insinuaciones;
para vivir callado 
y oculto contigo en Dios,
bondadoso y  puro,
sencillo y abnegado,
en una vida llena de trabajos
y sacrificios.

 

¡Oh Cristo!, aumenta en mí 
el hambre y sed de Ti…
Colma Tu mis deseos
de santidad y humildad.

 

¡Oh Cristo!, dame la gracia
de trabajar hasta agotarme por Ti…
de orar sin desfallecer…
de sacrificarme sin decir jamás ¡Basta!

 

¡Oh Cristo!, recuérdame que mi vocación
es el amor, y el amor 
es una vocación al martirio,
a la inmolación absoluta
de mí mismo, 
como ofrenda a la Trinidad.

Comentario


El texto anterior fue escrito por el siervo de Dios en 1958, durante los Ejercicios espirituales para recibir el Subdiaconado en el Convento de San Joaquín de Tacuba en la Ciudad de México.  El Padre Chavita glosa una frase de santa Teresita del niño Jesús — Mi vocación es el amor — y la hace suya.

En medio del sufrimiento de nuestras pascuas, del pasaje entre el dolor, nada tiene sentido salvo que se transite amando, a Dios y a sus hijos, unos a otros  sin decir jamás ¡basta!.

Un joven Salvador Rivera con sus compañeros del noviciado carmelita

Conclusión

Terminemos este momento con la siguiente oración:

Padre bondadoso, que hiciste del siervo de Dios Fray Salvador Rivera García carmelita descalzo, un testigo de tu fidelidad y misericordia, que se entregó desde su discapacidad física al servicio alegre de quienes a él recurrían, concédenos ver reconocido el heroísmo de sus virtudes, el valor del dolor humano unido a Cristo, para que valoremos y defendamos el don de la vida. Te pedimos por su intercesión la gracia de … (se hace la petición)