Queridos hermanos(as) de la Familia Carmelitana:*
¡Que la paz y la alegría de Jesús Resucitado estén con ustedes!
En el 2007, si Dios quiere, vamos a celebrar el octavo centenario de la Regla del Carmelo. Esta fecha será para todos nosotros, hermanos(as) de la Familia Carmelitana, una oportunidad única, no solo para agradecer a Dios el don tan precioso de nuestra Regla sino también para reactivar en nuestras vidas el carisma que, a lo largo de estos ocho siglos, trajo tantos beneficios para el pueblo de Dios, generó tantas santas y santos y orientó a tanta gente en dirección a Dios y al servicio del prójimo.
Queremos convidar a todos ustedes, frailes, monjas, hermanas, laicos(as) de las dos ramas de la Familia Carmelitana, a participar en este esfuerzo de profundización y participación en torno a la vivencia de nuestro carisma común. Estamos convencidos de que esta fecha del octavo centenario es una invitación de parte de Dios para todos nosotros para reunirnos nuevamente, alrededor de la tan antigua fuente de la Regla, para beber de sus aguas siempre nuevas y calmar nuestra sed de Dios, de fraternidad y de justicia.
Nosotros los carmelitas somos muchos, miles de hermanas y hermanos, sacerdotes, monjas, religiosos y laicos de varias Órdenes y Congregaciones, Movimientos y Asociaciones, sin hablar de los muchos devotos de Nuestra Señora del Carmen que llevan su escapulario. A todos ustedes hacemos esta invitación insistente: entren en el proceso de reflexión de nuestra Regla común y procuren formar grupos de reflexión. Así nuestra Familia Carmelitana contribuirá, cada uno y cada una a su modo, con el crecimiento en santidad y en vida fraterna entre nosotros y en orden al progreso del servicio pastoral y profético que, como carmelitas, debemos prestar al pueblo de Dios.
Que María, nuestra madre y hermana, les acompañe en esta reflexión y les dé en abundancia la bendición de Dios nuestro Padre y el don del Espíritu de su Hijo Jesús, para que, como Jesús, puedan anunciar la Buena Nueva del Reino a los pobres, ser una luz para los ciegos y una fuente de libertad y de liberación para los oprimidos. Así, ella les ayudará a vivir la Pascua y la fe en la resurrección como un testimonio permanente de vida.
Fray Joseph Chalmers, O. Carm., Superior General
Fray Luis Aróstegui, O.C.D. Prepósito General
Roma, 27 de marzo, Pascua 2005
* Fragmento de la carta enviada por los Superiores Generales O. Carm. - OCD.