"Vivían mis padres en Toledo muy cerca del convento de Carmelitas Descalzas. No merecí tomar allí el hábito por venirse ellos a las Indias…” Llegando a esta ciudad de México, pensé ser luego monja, así a los 18 años ingresé en el convento de Jesús María (Concepcionistas) el año de 1585 “aunque con gran dolor de mi corazón por no ser en las Descalzas”… Allí se encontré con la madre Mariana de la Encarnación que abrigaba los mismos deseos de ser carmelita, que habiendo leído algunos cuadernos de la vida de N. S. Madre Teresa, había hecho voto de: “que en cualquier tiempo hubiese convento de carmelitas, procurar con todas sus fuerzas, ser religiosa en ella.”
Así es como nace la vehemente inspiración de nuestra madre fundadora Inés de la Cruz, de procurar fundar un convento. Años más tarde tiene noticia de un hombre llamado Juan Luis de Rivera “que había muchos años deseaba hacer un convento de religiosas carmelitas”. Siendo él quien donó las casas y lo necesario para la construcción.
Comenzaron a tratar con los padres Carmelitas, entre ellos Fr. Pedro de San Hilarión y Fr. Cristóbal de Jesús María quienes las animaban a seguir en sus deseos y las instruían en todo lo referente la descalces. De muchas maneras les mostraba nuestro Señor su agrado de que se fundase el Carmelo en esta ciudad, como lo muestra el relato de lo que acaeció al doctor Quesada (encargado de la obra del convento): “estando un día en la obra había entrado un hombre y llegándose a él, le contó que estando en España de donde era natural, conoció a nuestra santa madre Teresa de Jesús, que andaba haciendo las fundaciones, y que pidiéndola enviase religiosas a las Indias que fundasen un convento de su orden, había la santa respondido lo encomendaría a nuestro Señor…; y días después le dijo que no podía ella ni sus religiosas pasar en partes tan remotas, que se quietasen por entonces, que aún no era tiempo, más que se consolasen los que lo pretendían, que convento de Carmelitas Descalzas se fundaría en esta ciudad con la misma perfección que si lo fundase ella.
Así pasaron varios años, hasta que el Señor en su providencia suscitó quien ayudara a nuestra madres; La persona destinada para ello fue el Sr. Arzobispo de México Dn. Juan Pérez de la Serna, quien al venir de España a México a desempeñar su cargo de arzobispo tuvo una travesía muy peligrosa en el mar, y en su aflicción prometió a nuestra santa madre: “que si los sacaba con bien de aquella tormenta fundaría un monasterio de Carmelitas”. Llegando a México se puso en contacto con nuestras madres fundadoras y después de muchos trabajos se llevó a cabo la fundación, que fue el 1° de marzo de 1616.

Acabada la misa, el señor arzobispo echo suertes de cómo se había de llamar el convento: Nuestra Señora del Monte Carmelo; San José; N. Madre Santa Teresa y el Ángel custodio; sacando por tres veces la suerte dijo: “todas mis gitanerías he hecho porque saliera por titular la Virgen del Monte Carmelo y no me ha valido porque todas tres veces ha sido el gran Patriarca San José y así será el titular de este convento”.
Diez años después, nuestra comunidad fue bendecida con el privilegio de recibir como regalo la preciosísima y milagrosa Imagen de Jesús Crucificado, conocido como: “Señor de Santa Teresa” el cual permaneció con la comunidad hasta 1917, año en que le fue quitada por causa de las exclaustraciones, llevada un tiempo a la catedral y posteriormente a la iglesia Sabatina; siendo devuelta en el año 1959 a nuestra comunidad.

En los tiempos de persecución religiosa, seis veces fueron exclaustradas y otras tantas volvieron a su convento; o bien se reunían en alguna casa, esto sucedió entre los años 1863-1917 en que fueron exclaustradas definitivamente del convento primitivo, el cual está ubicado en la calle de Lic. Verdad, en el centro histórico de la ciudad.
De este monasterio salieron las siguientes fundaciones:
- Contreras, Méx. D.F. - 1704
- Querétaro - 1803
- Durango - 1853
- Toluca - 1881
- S. Juan Ixtayopan, Méx. D.F. - 1885
- Tulyehualco, Méx. D.F. - 1903