ORDEN DE CARMELITAS DESCALZOS - MEXICO


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MONASTERIO DE CARMELITAS DESCALZAS
SAN JOSÉ Y SANTA TERESA
PUEBLA

La madre Ana de Jesús Núñez y su hermana Beatriz llegaron de Andalucía, para reunirse en Veracruz con un hermano suyo. Al morir éste, la madre Ana de Jesús decidió hacer vida retirada, dirigida por el padre rector de la Compañía de Jesús mientras su hermana se casaba. Elvira Suárez se unió a ella poco después, al igual que Juana Fajardo; las tres hermanas hacían vida retirada en casa de doña Beatriz. Después de vivir tres años en aquella casa, bajo la dirección del padre y maestro Alonso Ruiz, S.J. pidieron al Ilmo. Sr. Obispo de Puebla Dn. Diego Romano, les concediera licencia para hacer de aquella casa un recogimiento, viviendo con votos y clausura, como religiosas. El señor obispo les concedió la licencia. Un padre franciscano les dio el libro de las Fundaciones de nuestra santa Madre Teresa de Jesús. Al estar leyendo la fundación de Ávila, Elvira Suárez dijo: "hagamos nosotras una fundación y convento de este modo, que Dios nos ayudará". Hablaron con los padres Carmelitas de la ciudad de Puebla, quienes las instruyeron sobre las leyes de la reforma Carmelitana. Decidieron ponerlas en práctica durante cuatro años mientras tramitaban el breve pontificio.

Siendo el clima de la Veracruz muy cálido y enfermizo, sobre todo para quienes llegaban del viejo continente, tuvieron que pasar muchas penalidades. Como el clima no las favorecía para llevarla fiel observancia carmelitana pidieron al señor obispo que la fundación se hiciera en Puebla, quien con mucho agrado les concedió la licencia, saliendo de Veracruz en 1601. El 27 de diciembre de 1604, a las nueve de la mañana, con asistencia del señor obispo y su cabildo, se leyó el breve de Su Santidad y el decreto del señor obispo.

El señor obispo las favoreció en todo cuanto conduciría a su bien espiritual, al igual que los padres Carmelitas, los cuales tenían como Prior al M. R. P. Fr. Pedro de los Apóstoles, inmediato discípulo de N. P. San Juan de la Cruz, que las confesaba e instruía en la observancia carmelitana, desde la oración, el rezo del oficio divino, la recreación y el trabajo, haciéndolo como verdadero padre espiritual. A pesar de haber sufrido muchas vicisitudes por la persecución religiosa que vivió nuestro país y las exclaustraciones que sufrió nuestra comunidad se conserva parte del convento primitivo, gracias al valor y heroicidad de nuestras madres de aquel tiempo, no sólo por haber recuperado el monasterio, sino por haber guardado la mayor parte del archivo y cosas que se conservan.

 

 

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