LAS MONJAS CONTEMPLATIVAS

La vocación de las Carmelitas Descalzas es un don del Espíritu, que las invita a una misteriosa unión con Dios, viviendo en amistad con Cristo y en intimidad con la bienaventurada Virgen María; la oración y la inmolación se funden vivamente con un amor grande a la Iglesia.
Por eso, en virtud de su vocación están llamadas a la contemplación, tanto en la oración como en la vida. Este compromiso de vivir en continua oración se nutre con la fe, la esperanza y, sobre todo, con el amor de Dios. De este modo, con un corazón puro, podrán conseguir la plenitud de la vida en Cristo y disponerse a recibir la abundancia de los dones del Espíritu.
Por exigencia del carisma teresiana, la oración, la consagración y todas las energías de una Carmelita Descalza han de estar orientadas hacia la salvación de la humanidad.
En conformidad con el ideal de la santa madre Teresa de Jesús, las Carmelitas Descalzas viven su vida contemplativa eclesial, en un clima que armoniza la soledad y el silencio con la comunión fraterna, en una familia a semejanza del pequeño 'colegio de Cristo', que tiene por centro el amor del Señor y por norma la caridad fraterna, junto a una generosa abnegación evangélica.
